jueves, 26 de febrero de 2015



Todavía es domingo y yo me creo un poquito menos cobarde 
pero no tan valiente como para exigirte que cruces el semáforo en rojo 
o que me abraces teniendo claro que acabaremos en la cama con la intención de desnudarnos.

Tengo el miedo en la palma de la mano y voy a cerrarla; 
voy a pulverizar el dolor, la angustia y el tiempo.

Nos hemos mirado con el corazón y nos han brillado los ojos.

Joder, soy un desastre; lo hago todo al revés, 
pero me he aprendido de memoria cuántas canciones hay de tu casa a la mía.

No voy a andarme con rodeos: todo apunta a tu boca.

He decidido esconderme debajo de algunas complicaciones y espero que seas lo suficientemente idiota como para querer enredarte en mi risa.

Dejo la mente en blanco y sonrío mientras te miro; 
quiero follarte –pienso- 
toda la vida –suspiro-.

He soñado que soñaba contigo y me acercaba de puntillas pidiéndote perdón por no haber tachado contigo todos los días del calendario de lo que llevas de vida;
prometiéndote una Navidad cada veintitrés de junio.

Después del miedo vienen tus brazos y yo no paro de pensarte con las manos y mirarte con la boca; verás, quiero que me toques con los ojos y gimas con las ganas.
Quiero que te corras de risa y te mueras de orgasmos.

Entre cervezas, vino, promesas y algunas noches sin dormir me he visto desde fuera subiendo a lo más alto solo para verme caer desde más arriba y aterrizar en cualquier parte en la que tú me esperes.

Yo solo vengo a decirte que quiero enseñarte las estrellas; solo necesito un espejo y tu reflejo.

Si me das un momento te voy a querer toda la vida.

Lo que tengo para ti es mi corazón, 
voy a cerrar los ojos y a arder en los deseos que nos quedan por cumplir.


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